Un cierre contable ordenado no comienza el último día del mes. Se construye con controles periódicos, responsables definidos y evidencia suficiente para explicar cada saldo.

Cuando la información llega incompleta o se revisa únicamente al final del período, aumentan las correcciones, los reprocesos y el riesgo de presentar reportes tardíos. Una metodología sencilla permite convertir el cierre en un proceso previsible.

1. Definir un calendario y responsables

Cada actividad debe tener una fecha límite, una persona responsable y un soporte esperado. Incluya facturación, compras, bancos, cartera, proveedores, nómina, impuestos, activos y provisiones.

2. Conciliar antes de analizar

  • Compare bancos con los registros contables.
  • Revise cartera y cuentas por pagar por antigüedad.
  • Confirme que retenciones y comprobantes electrónicos estén completos.
  • Identifique partidas duplicadas, pendientes o sin soporte.
  • Documente ajustes y aprobaciones.

3. Revisar variaciones

Compare los resultados con el mes anterior, el presupuesto y el mismo período del año previo. Las variaciones significativas deben contar con una explicación respaldada, no solamente con una cifra.

4. Cerrar con una lista de control

La lista final debe confirmar conciliaciones, impuestos, provisiones, respaldos y aprobación de reportes. También conviene registrar los problemas del mes para corregir su causa antes del siguiente cierre.

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